martes, 17 de noviembre de 2015

Leyendas de Chichiriviche: El Farolou.



EL FAROLOU
(El espanto del que nunca quiso hablar Domingo Gómez)

                                                          Fotografia Maribel Fernero

            Sucedió muchos años atrás en un pequeño caserío llamado Flamenco al oeste del pueblo de Chichiriviche, la luz artificial aun no había llegado en la comunidad y esa noche parecía mas oscura de lo normal, no se veía ni un alma y el silencia era temerosa.

            El pueblo de Chichiriviche quedaba a unos cinco kilómetros del caserío por los que los trabajadores acostumbraban marcharse antes de caer la noche, había también unos bares con muchachas muy bonitas que solían atender a los clientes muy bien, era inevitable que los días viernes después del trabajo los hombres de la región acudieran para tomarse unos palitos de aguardiente y pasar un rato agradable, otros en cambio entre copas y copas llegaban al extremo de emborracharse.

            Ese día fue el caso de Domingo Gómez, que luego de tomarse varias copas lo agarro la noche y decidió marcharse a su casa, algunos amigos y compadres que compartían con el, le gritaban  de una manera burlista ¡Compadre que le pasa ya esta borracho! ¡No se valla mi amigo que ya vienen las mujeres!, haciendo caso omiso, recogió sus cosas y se marcha acompañado solo con una carterita de aguardiente que había comprado en la mañana.

            Durante la semana diversos cuentos se escucharon sobre apariciones misteriosas, como la de una luz brillante pequeña que se veía en el horizonte y este que por momentos se acercaba pareciéndose una bola de fuego rojiza que dejaba impresionado a quienes se  encontraban con el. Algunos de los ancianos mas viejos del pueblo comentaban que era “El Farolou”, una bola de fuego que se transformaba de varios aspectos y que solo el que se burlaba de el, terminaba mal.

            Faltaba poco para que Domingo Gómez llegara a su casa, cuando comienza a ver una pequeña luz brillante en el horizonte oeste de la carretera, esto por momentos no parecía llamarle la atención al hombre, que no se imaginaba lo que la noche le aguardaba. Luego de un minuto la pequeña luz que en el horizonte se veía se tornaba cada vez mas cerca en forma de una bola de fuego. Domingo Gómez sin importar aquellos comentarios y consejos de los viejos del pueblo de los que tanto se comento durante la semana, exclamo varias frases poco recomendadas:

            ¡Cualquiera que sea el pedazo de loco que intenta asustarme, salga para caerle a coñazos!.
            ¡Salga pues cobarde!... ¡ Y si es el famoso Farolou salga pá que nos echemos unos palos, si no sale e un flojo y me tiene miedo!.

            Apenas terminaba de decir tales palabras, Domingo Gómez siente un intenso calor detrás de el, este al voltearse y ver semejante espanto, hecho un fuerte grito que hasta personas que Vivian en las casas mas apartadas del caserío lo escucharon, rompiendo con el silencio que había reinado durante la noche. Estaban sentados Don Ramón y Doña Bernarda en el corredor de su casa preocupados por la hora que era y nada que aparecía Domingo, al escuchar aquel grito estremecedor corrieron rápidamente al lugar acompañados de algunos vecinos, al llegar al lugar se encuentran al joven tirado en el medio de la vía, privado aun, su rostro parecía haber sido quemado con brasa y los ojos con la mirada perdida.

            Todos al ver aquella asombrosa escena, rápidamente supieron que se trataba del Farolou. Desde ese día, domingo Gómez mas nunca salió de noche y como todos aquellos que se han encontrado con el Farolou jamás quiso hablar sobre tal espanto.

Autor: Profe. Frank Jhonattan Weffer Vásquez                                                                                   Egresado de la UPEL - IPR “El Macaro”                                                                                           Cronista Historiador aficionado de Chichiriviche.

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