miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bajo las aguas de Morrocoy

Bajo las aguas de Morrocoy

Cayo Sombrero
Cayo Sombrero
Una visita al Parque Nacional Morrocoy, en el estado Falcón, será suficiente para tener un contacto único con la naturaleza, nadar con los peces, ver corales y quedar siempre con ganas de volver

No desandaba esa carretera hasta el estado Falcón desde que era una niña. Mis recuerdos de los pueblos de Tucacas, Chichiriviche y del azul de Morrocoy eran lejanos, pequeños. Más sensaciones que pinceladas del paisaje. Por eso, cuando vi las palmeras apostadas a un lado de la carretera, escondiendo la playa, supe que había estado ahí muchas veces, aunque no lograra ubicar alguna imagen concreta en mi mente.
Llegar a Tucacas fue como hacer entrada a un pueblo fantasma; a un desorden y abandono a primera vista. No entiendo el contraste de sus construcciones ni la desidia, pero está ahí y es una realidad que golpea el paisaje venezolano. Más adelante, el desvío a Chichiriviche nos adentra al típico pueblo que se sabe cerca del mar: muchos puestos de ventas de empanadas o cualquier cosa, tiendas de trajes de baño, salvavidas, una farmacia, una licorería, un puesto improvisado de pizzas. Me divierte ir leyendo en voz alta los carteles, da igual si venden tarjetas de teléfono, arepas y queso en el mismo lugar y esa improvisación me gusta. Así, sin saber muy bien el camino, pero advirtiéndolo por completo, llego al final de un malecón para embarcar de una vez la lancha que nos llevaría hacia algunos cayos del Parque Nacional Morrocoy y comenzar a recorrerlos, sin prisa.

Me parece que voy navegando en aguas sacadas de algún cuadro de la sala de mi casa. Un fondo oscuro, olas insistentes, pero tranquilas. Había llovido el día anterior y aún así el mar no parecía molesto por nuestra visita. Francis Paolucci, de Vulcanos Tours, es una apasionada de Morrocoy y cuenta cómo el mar le ha salvado la vida en dos oportunidades. Francis es un pez y sólo quiere que todos los que pasamos por ahí nos atrevamos a conocer todo lo que se esconde bajos esas aguas que ella parece conocer a la perfección. Sonríe mientras relata cómo intenta transmitir la misma emoción que ella siente cuando ve peces de colores, corales impresionantes y otras especies a las que llama “sus hijos”. Y vuelve a sonreír.

Así, llegamos a una de las puntas de cayo Sombrero, uno de los más visitados de este parque. No había chance para pensar nada: chapaletas, máscara, tubo, dos pruebas de respiración y al agua. Allí abajo, aunque no teníamos la mejor de las visiones por la lluvia que había caído, estaban los corales a los que siempre les había temido y nadé sobre ellos, admirándolos. 

En esa primera exploración vi peces flauta, calamares y tuve en mis manos una estrella de mar muy curiosa. La sensación de abrir la vista a un mundo submarino que está quieto, escuchar nuestra propia respiración y desconectarse por completo de todo es única. Qué generoso es Morrocoy. Muy a pesar del maltrato y la inconsciencia de la gente que lo visita, guarda mucha vida bajo sus aguas y nos permite sumergirnos en ella para disfrutarla y cuidarla. Claro, también son muchos los corales que se han muerto de tanta desidia y eso no debería ocurrir más. Morrocoy destila belleza y refleja azules que contrastan con las palmeras. Son playas que están pidiendo a gritos que las cuiden, que les presten atención.

Cuando se navega, dando tumbos en la lancha, los cayos aparecen con su propia personalidad. Está, por ejemplo, cayo Pelón, que se deja ver solamente cuando la marea está baja; cayo Muerto, que rebosa azules y sombras para tenderse en la arena; cayo Alemán, que aparece quietecito y pequeño, casi sin ruidos; cayo Peraza, otro de los puntos para practicar snorkel, que está lleno de verde y azul. Un poco más allá, La Mallorquina, que presume de tener una de las costas más largas; pero todas, todas las playas, necesitan ser cuidadas y que les devolvamos, con nuestro trato, la belleza que nos entregan.

Explorar la superficie

Después de nadar un rato, nada mejor que subirse a la lancha y dejar que el capitán nos guíe por los rincones del parque. Así, sintiendo la brisa, viendo cómo cambia el color del mar y aparecen bosques tupidos, uno entiende que la naturaleza es maravillosa. 


A nuestro paso aparece un barco inglés hundido desde hace 95 años, después de huir de un submarino nazi que lo perseguía durante la Segunda Guerra Mundial. Más allá, una montaña que se extiende 12 kilómetros y que si se mira con atención nos regala diversas formas entre sus rocas: la de un caimán y la de una virgen. Así, hasta llegar a la Cueva del Indio donde las rocas se abren para mostrarnos petroglifos que datan desde poco más de 3.200 años a. C. Pasando entre las rocas, se desemboca en esta cueva en la que se escucha el agua cayendo con cautela y el caminar rápido de los cangrejos. Adentro, se ven las estalactitas y una montaña inmensa, como con ganas de caernos encima. 

Al salir de allí, es buena idea hacer una parada en el Santuario de la Virgen, un lugar sin muelle, pero lleno de fe. Cientos de imágenes de vírgenes y santos colman las rocas. Un rincón para pagar promesas, para pedir protección y que me atrapa por la espontaneidad en la que están colocadas las figuras, pues hace pensar en todas las historias que pueden estar detrás de cada imagen dejada allí para siempre.

Si se quedan un día más, entonces, al día siguiente lo ideal es despertar muy temprano y tratar de ganarle al sol. Poco antes de las 6:00 am se pueden avistar las aves, sin perturbarlas, además de apreciar los cayos totalmente vacíos, justo cuando el sol comienza a bañarlos con sus destellos. 


Para terminar la jornada, nadamos entre los corales en otro punto de cayo Sombrero, con el agua clara y una visibilidad asombrosa, con más peces de colores y erizos, con una profundidad que, lejos de asustar, entusiasma.

Snorkelterapia

Esta técnica es una combinación del snorkel y la talasoterapia, un método que se basa en el uso de diferentes medios marinos –juntos o separados– como el agua de mar, algas, barro y otras sustancias para lograr efectos terapéuticos. La snorkelterapia fue creada por Francis Paolucci, bajo un entrenamiento motivacional e intenta acercar a las personas al mar, vencer el miedo al mundo submarino y respetar la naturaleza. La idea es ver la vida de una manera diferente.
Para contratar este servicio, otros paseos y hospedaje, pueden consultar en www.vulcanostours.com.

El Dato

Morrocoy fue declarado Parque Nacional el 26 de mayo de 1974 para proteger sus arrecifes coralinos, manglares, lagunas costeras, sabanas, bosques y garantizar las migraciones naturales de las especies animales. Está ubicado en la parte más oriental del estado Falcón y al noroeste de golfo Triste.

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